¿Está de moda la Autogestión?

Existe un interés creciente por las experiencias de economía alternativas al trabajo asalariado y al consumo de masas. En los últimos años se multiplican los proyectos de grupos de consumo, autoempleo, cooperativas integrales, etc.

Desde una perspectiva crítica, cabe preguntarse si toda esta efervescencia no será debida únicamente a la pura necesidad de la omnipresente crisis (con la escasez de empleo y la consiguiente moderación obligada del consumo que conlleva), o bien es verdaderamente el inicio de un cambio más profundo. Si fuese sólo un acto reflejo e irreflexivo a la penuria, sería lógico pensar que al mejorar la coyuntura económica desaparecería este interés por buscar otras opciones diferentes a “lo que hay”.

No obstante, parece innegable que frente a una “autogestión” de “emprendedores” para supervivientes, promocionada incluso por las instituciones del Estado, está surgiendo otra que puede ser herramienta de cambio y escuela para una futura Economía Autogestionada que tendrá que ir de una u otra forma inserta en un proceso revolucionario más amplio (no sólo económico).

Dentro de este contexto situamos a los 24 colectivos que se dieron cita el día 9 de noviembre en Madrid para conferenciar sobre comunidades de intercambio y monedas alternativas. Lo más llamativo de este acto eran los criterios de admisión al mismo. Sólo podían participar colectivos que cumplieran los siguientes requisitos:

  • Realizar una actividad económica de producción y/o consumo sin ánimo de lucro.
  • Aspirar a la transformación social
  • Tener un único órgano de decisión: La Asamblea.
  • No tener asalariados/as ni practicar ningún otro tipo de explotación laboral.
  • No depender de subvenciones del Estado.

Nos preguntamos si, por la distinta procedencia geográfica de los colectivos asistentes1 y la amplia variedad de sus sectores de actividad2, podemos empezar a hablar de un movimiento autogestionario, más que de una moda. Algunas de las características que presenta este aún presunto movimiento autogestionario emergente serían que:

  • No se rigen por criterios estrictamente economicistas ni se conforman con dar solución inmediata al paro o a la escasez de recursos. Ensayan nuevas formas de empoderamiento colectivo, de participación e interrelación con las personas y la naturaleza.

 

  • No reproducen las relaciones de producción capitalistas.

 

  • No reconocen la representatividad de las instituciones estatales, no acatan su legislación ni asumen como propias las formas jurídicas de sus organizaciones.

 

  • No están capitalizadas por siglas tradicionalmente vinculadas a los movimientos sindicales o políticos. La acción política o sindical en parlamentos o comités de empresas no entra dentro del campo de acción de los colectivos autogestionados que directamente construyen sus modelos políticos y económicos al margen de estas organizaciones capitalistas. Por otra parte, el descrédito de los partidos políticos y aparatos burocráticos sindicales es un obstáculo para cualquier tipo de entendimiento. Para un número significativo de personas involucradas en el movimiento autogestionario, la posibilidad de transformación social a través de la acción política parlamentaria dentro de las instituciones del Estado y en los comités de empresa ha quedado suficientemente refutada por la experiencia.

 

  • Se proponen coordinar la producción y el consumo y generar espacios públicos de propiedad colectiva no estatal ni privada, ya sea mediante proyectos integrales (como las Cooperativas Integrales que están surgiendo a nivel regional) o mediante las diversas federaciones de colectividades (de producción, rurales, etc).

 

  • Ensayan modelos de crecimiento basado en el asociacionismo y la afinidad. La libre asociación de personas y colectivos vinculados por el libre acuerdo e interconectadas entre sí en redes de apoyo mutuo es la fórmula elegida para crecer, antes que la clásicas estructuras centralizadas, sólidas y rígidas, fácilmente asimilables por el sistema.

 

Desde nuestra experiencia los factores que están influyendo de manera más determinante en este proceso son:

  • la experiencia, en el plano organizativo y político, de las personas que las componen. Aquellas iniciativas que tienen un carácter más economicista, sin casi transfondo político… se desarrollan y crecen más rápidamente; mientras que las que buscan nuevas formas de empoderamiento, de participación, de relacionarse con el sistema actual… tardan más tiempo en salir adelante. Habrá que esperar como terminan unas y otras pues igual la rapidez de creación es proporcional a la rapidez de asimilación por el sistema…

 

  • la afinidad política, entre las personas que las componen. Aquellas donde la afinidad es menor, el volumen de personas es mayor pero genera mayor lentitud a la hora de formar y desarrollarse las iniciativas y el número de desencuentros y fracasos posteriores es mucho mayor…

A modo de  conclusión, decir que moda o no, este interés emergente por alternativas en lo económico a la miseria del trabajo asalariado (en su versión de activo o como parado) puede representar una oportunidad para muchas personas y colectivos para conocer y ensayar proyectos de autogestión más allá del reducido número que habitualmente intentan desarrollarlos. En cualquier caso, sería importante no olvidar que aunque los medios han de ser coherentes con los fines nunca hay que llegar al extremo de confundirlos hasta el punto de creer que hemos conseguido nuestra meta –o por el contrario que ya hemos fracasado- cuando sólo hemos dado en realidad un par de pasos.

 

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