casitaEl cambio no empezará nunca por arriba. Los cambios por arriba acaban siempre en revoluciones políticas, en simples rotaciones de gobierno. Es el cambio desde abajo el único que puede provocar una revolución social: La construcción paciente de estructuras autogestionadas económicas, educativas, sanitarias, etc. Para nosotros y nosotras es importante que los espacios donde se construyan estas estructuras, los lugares donde va a transcurrir nuestra actividad transformadora, estén descontaminados de la lógica de la renta capitalista.

Queremos transformar espacios cerrados y sin vida en salas de asamblea, en aulas para escuelas libres y en consultas y talleres donde compartir conocimientos y herramientas. El trastero condenado puede ser el almacén de un grupo de consumo que se ha rebelado contra la depredación de las multinacionales y en el garaje abandonado cabe un escenario sobre el que ensayar un arte popular y desmercantilizado.

Hemos abolido la explotación laboral de nuestras relaciones de producción y en ninguno de nuestros proyectos productivos existen asalariados o asalariadas. Hemos empezado a organizar el consumo para recobrar nuestra soberanía alimentaria y hemos suprimido el beneficio y el ánimo de lucro de los intercambios entre nosotros y nosotras. Pero no llegaremos a cambiar enteramente las relaciones de producción, consumo e intercambio a menos que cambiemos el régimen de propiedad. Necesariamente, nos regimos por un concepto de propiedad colectiva de las cosas, basada en el derecho de uso, y rechazamos el concepto de propiedad privada basada en la disposición arbitraria de las cosas en virtud de su mera titularidad.

Buscamos titulares de propiedades vacías que coincidan con nuestro concepto de propiedad colectiva y estén dispuestos a cedernos su uso. Nos comprometemos a mantener y mejorar las condiciones de la propiedad cedida durante el tiempo que acordemos, a sufragar los gastos inherentes a la propiedad (IBIS, cuotas de comunidad, etc.) y, más importante aún, nos comprometemos a darle un uso revolucionario, es decir, socialmente útil.

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