310 EMPRESAS OKUPADAS, SUMA Y SIGUE.

ruggeri_20-1Andrés Ruggeri ha ido clasificando con paciencia de entomólogo todas las variedades de ERT de Argentina. ”ERT” es la sigla de “Empresa Recuperada por los Trabajadores”. Una empresa okupada, vaya. En nuestro paisaje reciente abundan las okupaciones de espacios sociales y viviendas pero la okupación de empresas es una práctica dormida. El porqué de esta omisión de la clase obrera ibérica del siglo XXI es un misterio, boton-descarga-pdfsobre todo teniendo en cuenta los antecedentes de nuestras abuelas, expropiadoras feroces de tierras y fábricas. Este vacío contrasta con las 310 empresas arrebatadas al capital en Argentina, un censo actualizado anualmente por Ruggeri, en las que trabajan a fecha de hoy cerca de 14.000 trabajadoras en régimen de autogestión. Sin patrón. Entre iguales. Organizadas en Asambleas.

¿Qué circunstancias se dan allí que no se den aquí para que las trabajadoras se apropien por millares de los medios de producción que en justicia son suyos, del taller y la herramienta, y se pongan a gestionarlas por sí mismas?

Desde luego, la causa no es institucional. Cuando empezaron las okupaciones en 2001 no había una legislación más benigna en Argentina en materia de delitos contra la propiedad privada capitalista. El Estado argentino era –y continúa siendo- tan violento o más que el español. A pesar de ello, las trabajadoras argentinas desafiaron la ley y pelearon contra la brutal represión. Las tímidas leyes regulatorias de las expropiaciones vinieron después de la lucha, no antes. Vinieron precisamente como consecuencia de la lucha. Esta es una constante histórica en el movimiento por la emancipación de las trabajadoras: las leyes que perduran son las que se acatan.

Las investigaciones de Ruggeri permiten establecer una relación directa entre el apoyo popular a las okupaciones de empresas y el éxito de éstas. La movilización social solidaria es esencial en los inicios de cualquier ERT para proteger a las trabajadoras de las agresiones e intentos de desalojo de sicarios públicos y privados de la patronal (policías, matones, etc). ¿Puede ser esta la diferencia entre los dos países? ¿Nos falta acaso un tejido social dispuesto a apoyar rebeliones contra la propiedad privada? No creemos. El fenómeno de las plataformas de afectadas por las hipotecas y la insumisión organizada para impedir desahucios parece indicar que no se trata de un problema de comprensión, solidaridad o capacidad de resistencia popular. Por cierto, no podemos desaprovechar la ocasión de apuntalar el argumento del párrafo anterior: si algún día se legisla a favor de la dación en pago por deudas hipotecarias será más bien gracias al desacato masivo que al respeto escrupuloso de la ley vigente.

¿Cuál es la diferencia entonces? ¿Tendrán más conciencia de clase las trabajadoras okupas argentinas? No. Al menos no en el momento de la okupación. Ruggeri acredita en sus encuestas que la inmensa mayoría de trabajadoras okupan para comer y dar de comer a sus familias, no en nombre de la revolución social. Pero, cuidado, también apunta Ruggeri que la conciencia suele aparecer después. Que después de la lucha contra el patrón que quebró la empresa de forma fraudulenta, contra el político, contra el juez, contra el policía y contra el periodista a sueldo del mass media, muchas trabajadoras que actuaron empujadas por el estómago devienen revolucionarias.

Quizá lo único que se necesita para nivelar este desequilibrado marcador de 310 empresas recuperadas a 0 es una chispa. Una primera okupación que prenda el fuego de las demás okupaciones. Ruggeri lleva levantando con estilo forense acta escrupulosa de todos los nuevos focos de ese incendio que empezó en Argentina hace 15 años. Esperamos que un viento fuerte acabe propagándolo por estas regiones españolas.

Libros Terribles.

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